Nadie, ni siquiera la lluvia

¡Desplegada sobre el ancho horizonte como el arco iris!

“Por un lado, sentimos que Tú -Juan el héroe- debes vivir, o yo me hundiré en abismos de desesperación. Por el otro, sentimos: ¡Ay de ti, Juan, debes morir!, porque la forma del libro lo requiere.”

—   Un cuarto propio, Virginia Woolf

“A veces me pregunto si mi enorme sufrimiento no es una defensa contra el hastío.”

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(Fuente: eldeseodecaer, vía unahojaenlatormenta)

“La vida es ardua, difícil, una lucha perpetua. Más que nada, criaturas de ilusión como somos, exige confianza en sí mismo. Sin esa confianza somos como niños en la cuna. ¿Y cómo elaborar con más rapidez esa imponderable calidad, que sin embargo es tan preciosa? ¿Pensando que los demás valen menos que uno? Pensando que uno tiene alguna innata superioridad sobre los demás: dinero, o rango, o la nariz recta, o el óleo de un abuelo por Romney; porque los artificios patéticos de la imaginación del hombre no tienen fin.”

—   Un cuarto propio, Virginia Woolf

“Podía imaginarlo entonces con un suéter de cuello alto que sólo se quitaba cuando las terrazas de Montparnasse se llenaban de enamorados primaverales, y durmiendo de día y escribiendo de noche para confundir el hambre, en el cuarto oloroso a espuma de coliflores hervidos donde habría de morir Rocamadour.”

—   Cien años de soledad, Gabriel García Márquez

“Tuve que vivir veinte años y escribir cuatro libros de aprendizaje para descubrir que la solución estaba en los orígenes mismos del problema: había que contar el cuento, simplemente, como lo contaban los abuelos. Es decir en un tono impertérrito, con una serenidad a toda prueba que no se alteraba aunque se le estuviera cargando el mundo encima, y sin poner en duda en ningún momento lo que se estaba contando, así fuera lo más frívolo o lo más truculento, como si hubieran sabido aquellos viejos que en literatura no hay nada más convincente que la propia convicción.”

—   Gabriel García Márquez

“Por tu orgullo de padre, por desconocimiento de mi verdadera existencia, por deducciones sacadas de mi debilidad constitucional, me has considerado siempre enormemente trabajador: en tu opinión, de niño no paraba de estudiar y, más tarde, de escribir. Pues bien, nada más lejos de la verdad. Lo que al contrario puede decirse, exagerando mucho menos, es que yo estudiaba poco y aprendía nada. Desde luego no tiene nada de extraordinario que en tantos años, con una memoria mediana y una inteligencia no excesivamente limitada, algo haya quedado, pero en cualquier caso el resultado final en cuanto a saber, y sobre todo en cuando a fundamentación del saber, no puede ser más lamentable en comparación con el derroche de tiempo y dinero en medio de una vida exteriormente tranquila y despreocupada, y en comparación sobre todo con casi toda la gente que conozco.”

—   Carta al padre, Franz Kafka

ANIMALES MUERTOS

tefollarialasneuronas:

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¿recuerdas tu primera vez?

me refiero a la primera vez con una mujer

y para ser más específico:

a la primera vez

con la vagina de una mujer

y es que todos sabemos

que la primera vez con ellas

no necesariamente implica un coño

sus manos sí

a veces

(si corres con suerte)

su boca

sus…

“Cuando yo empezaba a hacer algo que no te gustaba y tú me amenazabas con el fracaso, mi respeto a tu opinión era tan grande que ese fracaso, aunque tal vez viniese más tarde, ya era inevitable. Perdí la confianza en lo que hacía. Era inseguro, dubitativo. Cuantos más años iba teniendo, tanto mayor era el material que tú podías presentarme como prueba de mi nulidad; poco a poco empezaste a tener realmente la razón, en cierto sentido.”

—   Carta al Padre, Franz Kafka

“Consuelo, no tientes a Dios. Debemos conformarnos. ¿No te basta mi cariño? Yo sé que me amas; lo siento. No te pido conformidad, porque ello sería ofenderte. Te pido, tan sólo, que veas en ese gran amor que dices tenerme algo suficiente, algo que pueda llenarnos a los dos sin necesidad de recurrir a la imaginación enfermiza…”

—   Aura. Carlos Fuentes.

(Fuente: putasresacas, vía maldita-dulzura)

“Quiero estudiar, quiero aprender, quiero escribir. Tengo veintidós años. No sé nada. Nada fundamental. No sé lo que debería haber aprendido hace muchos años. Nadie me enseñó nada. Sé, en cambio, lo que debería saber mucho después. De allí que me sienta anciana y niña al mismo tiempo.”

—   Alejandra Pizarnik

(Fuente: kirasakurai, vía caractherone)

Metrópolis, Fritz Lang (1927)

Metrópolis, Fritz Lang (1927)

(Fuente: parasitivismo)

“No creo que le haya pedido demasiado a la vida, en realidad bien poco, esperaba algo más y ese algo más no ha llegado y no llegará (me temo). Sinceramente me gustaría estar a gusto con lo que tengo, y es eso precisamente lo que quiero pero no lo consigo, siempre quiero algo diferente a lo que tengo y cuando obtengo ese algo distinto (cuando lo logro) parece que ya no es tan bueno como pensaba o parecía, y es cuando miro hacia otro lado (para tratar de olvidar de eso que tengo y que no es lo que yo quería) y descubro que no, que estaba equivocado, que precisamente esta ahí, mi meta, mi objetivo, mis anhelos están ahí, y comienza la lucha otra vez para tratar de obtener ese otro ‘caramelo’ que he visto, y que llena otra vez mi vida con una ilusión, una nueva meta a conseguir. Pero la magia siempre desaparece cuando lo consigo, en los casos que no lo consigo, esa es la razón de mi malestar, de mi ‘desgracia’, el no conseguirlo, porque así justifico mi insatisfacción, mi desgana de vivir, mi completa indiferencia ante los acontecimientos. Saber esto y no saber que hacer para solucionarlo es desesperante. Cuando hace años tuve la lucidez de intentar suicidarme, ese creo que fue el momento más pleno y consciente de toda mi vida, el más real y más consecuente. Nada hay en esta vida que pueda llenar este enorme e insaciable agujero negro que anida en mi interior, todo se lo traga y desaparece como si nunca hubiese existido. El Vacío es mi sino y mi sentido de vivir, porque cuando eres joven te engañan con falsas promesas e ilusiones sobre la vida, y nada de ello es cierto. La vida no es gran cosa, además de no darte nada, es simplemente una estancia en una gran mansión, la cual no es más que la estancia contigua ni menos que la otra ni la de más allá,… todas son igual de insignificantes y carentes de sentido, porque no existe ese sentido que nos empeñamos en imprimir a todos nuestros actos y a todas nuestras decisiones. Nada de lo que hagamos va a cambiar nada realmente, nada,… porque nada somos y en nada nos convertiremos, por los siglos de los siglos hasta el final de esta mierda de mundo.
La gente me produce asco, tengo asco hasta de mi mismo. Deseo una destrucción completa de todo lo humano, incluidos ellos e incluido yo, ya que no soy especial ni mejor que ellos. Soy una mierda más puesta en este mundo sin mi aprobación. 27 años son más que suficientes para poder soportar todo este absurdo que me rodea y que me invade, es suficiente para ver que todo lo que hacemos no servirá de nada, que ningún sentido tiene seguir sufriendo y siguiendo una rutina estúpida que no nos conduce a nada. Mierda de vida, mierda de sociedad, mierda de gente, mierda de sistema,… MIERDA, mi palabra favorita, sólo ella es capaz de describir sin esfuerzo mis pensamientos. Madrugo por las mañanas y pienso con ironía: “¡Bien, otro día más sobre este planeta!. Levantémonos, vamos a producir la ración de basura de hoy.”. Me levanto, no sin un gran esfuerzo de voluntad (la cual hay que reconocer es considerable, me pregunto de dónde sale), toso (el tabaco dicen que mata, poco a poco). Salgo de casa, con ojos dormidos, mi mente todavía atontada, los cascos de mi discman en mis oídos (la música es lo único que soporto a esas horas, y casi es lo único que soportaría a cualquier hora). Me dirijo con paso raudo a la estación de tren, que me llevará a mi y al resto de las abejas obreras a esos campos de concentración mal llamados empresas. Cuando llego, mi cara (ya con un rictus de amarga tristeza) empeora hacia un enfado que no puedo dirigir contra nadie, porque nadie es culpable y al mismo tiempo, lo somos todos y hacia todos lo dirijo. No hablo, apenas saludo (¿Buenos días?, no para mi, desde luego), me siento en mi cubiculo, en mi celda. Aun encima, es verano, hace calor, y el aire acondicionado crea una malsana atmósfera artificial que perjudica más mis pulmones, ya jodidos por el tabaco. Al cabo de un rato, llega el jefe, ese temible bastardo, que se cree algo, que se cree que nos posee, cuando realmente no tiene nada, realmente no es nada, nada más que otra mierda con patas que camina con una falsa seguridad en si mismo. Me río de su seguridad, me río de su ficticio poder, porque cuando la muerte llega (y afortunadamente siempre llega) nada de lo que tiene o cree tener, le va a impedir pudrirse bajo tierra entre los gusanos. Tomo un café, el estimulante que necesito para mantenerme despierto y no caer en el sopor del aburrimiento, y en un sueño que trata de apoderarse de mi ser. Un sueño que realmente seria bienvenido, y mejor aprovechado que estas horas muertas de mi vida que paso aquí encerrado entre estas cuatro paredes mugrientas. ¿Por qué no dejarlo?, ¿por qué no escapar?… sí, suena bien… ser libre, romper las cadenas… pero es irreal. Si sigo vivo (cosa que continuamente me planteo) y tal como están las cosas, necesito dinero para comer, pagar una vivienda, … Y no me pienso convertir en un vagabundo, porque ya es bastante dura y asquerosa la vida como para aún encima tener que depender de la caridad humana. No, para ser libre realmente, sólo hay una solución: la muerte. Aunque no haya nada después de ella, cosa que no sé, es la única salida para ser libre, realmente libre. Se terminan entonces las ataduras, trabajar, pagar, llorar, sufrir, reír, soñar, enfermar, el miedo, el amor, el odio, … Sólo necesito el método adecuado y podré hacerlo, porque hasta ahora, he fallado.”

—   Emil Cioran (via luzdeampolleta)

“Amueblaos la mente, amueblaos la mente. Es vuestro tesoro, y nadie en el mundo puede entrometerse en ella. Si os tocase la lotería y os compraseis una casa que necesitase muebles, ¿La llenaríais de trastos viejos de la basura? Vuestra mente es vuestra casa, y si a llenáis de basura de los cines se os pudrirá en la cabeza. Podéis ser pobres, podéis tener rotos los zapatos, pero vuestra mente es un palacio.”

—   La cenizas de Ángela, Frank McCourt.

“El deseo de poner fin a la fatiga confiere a los más filosóficos y hasta a los distraídos por el amor y sus tormentos, una todopoderosa razón para fijar la mente en la idea de llegar a casa.”

—   Virginia Woolf. 

(Fuente: hiperboreo)

Dorian  - A cualquier otra parte

Ver que ya no piensas en mí
que ya no crees en la gente,
que tomas pastillas rosas
y te has vuelto nihilista
y sueñas con no soñar.

(Fuente: desterradoenlamemoria)