Nadie, ni siquiera la lluvia

¡Desplegada sobre el ancho horizonte como el arco iris!

“En cada país se pueden encontrar personas que son ciegos fanáticos de la idea de un orden social. Se entregan a esa idea, dispuestos a todo por ella. También al crímen, puesto que según ellos el fin justifica los medios y transforma el sentido de los términos. Ellos no matan, ellos salvaguardan el orden. Ellos no torturan, no chantajean, ellos protegen la razón de estado y luchan por el orden. La vida del individuo, si el individuo altera el orden dado, no vale para estas gentes ni un céntimo, ni un encogimiento de hombros. Ellos nunca llegan a ser conscientes de que la sociedad a la que sirven se compone precisamente de individuos. Estas personas disponen de lo que se denomina una vista hacia el futuro… y una vista así es la mejor forma de no ver a otras personas.”

—   La torre de la golondrina, Andrzej Sapkowski

“La abrazó. La tocó. La encontró. Yennefer de una forma increíble, blanda y dura a la vez, dio un fuerte suspiro. Las palabras que dijeron se quebraron, desaparecieron entre suspiros y aspiraciones apresuradas, dejaron de tener significado, se dispersaron. Así que callaron, se concentraron en la búsqueda del otro, en la búsqueda de la verdad. Buscaron larga, cariñosa y muy esmeradamente, temiendo el sacrilegio del apresuramiento, la liviandad y la negligencia. Buscaron con fuerza, intensiva y apasionadamente. Buscaron con cuidado, temiendo el sacrilegio de la falta de delicadeza. Se encontraron el uno al otro, vencieron al miedo y un instante después encontraron la verdad, que les explotó bajo los párpados, aguda, cegadora en su evidencia, rota en gemidos apretados en la determinación de los labios. Y entonces el tiempo tembló espasmódicamente y se detuvo, todo desapareció y el único sentido que siguió funcionando fue el tacto. Pasó una eternidad, regresó la realidad, el tiempo tembló por segunda vez y comenzó a moverse, poco a poco, torpe, como un carro grande y cargado. Geralt miró por la ventana. La luna seguía en el cielo aunque lo que había pasado hacía un momento debería haberla arrojado sobre la tierra.”

—   Tiempo de odio, Andrzej Sapkowski

“Sin emociones, pequeña, sin emociones, acuérdate de su gesto, allá en las cuadras. Y ya habías visto antes ese gesto, pequeña, ya lo habías visto, no te engañes. El gesto estúpido, compungido y azorado de un hombre que quiere olvidar, que lamenta, que no quiere recordar lo que pasó, no quiere regresar a lo que hubo. Por los dioses, pequeña, no te engañes pensado que esta vez es distinto. Y lo sabes. Pues tienes ya una cierta experiencia, pequeña.”

—   La sangre de los elfos, Andrzej Sapkowski

gothamcitysirensart:

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(vía volandovengo-volandovoy)

“Tras la serie de sacudidas fatales que habían hecho que todo se viniera abajo en ella, en su alma sólo había quedado en pie una cosa, un sentimiento, su amor por el capitán. Y es que el amor es como un árbol, crece por sí solo, echa profundamente sus raíces en todo nuestro ser y a menudo continúa reverdeciendo en un corazón en ruinas.”

—   Notre-Dame de París, Víctor Hugo

“Cuando me comparo con vos, me compadezco de mí, pobre monstruo desgraciado. Debo de causaros la misma impresión que un animal, ¿A que sí? ¡Vos, en cambio, sois un rayo de sol, una gota de rocío, el canto de un pájaro! ¡Yo soy una cosa horrible, ni hombre ni animal, algo más duro, más pisoteado y más deforme que una piedra!”

—   Notre-Dame de París, Víctor Hugo

“Se dio cuenta de que había en el mundo algo más que las especulaciones de la Sorbona y los versos de Homero, de que el hombre necesitaba afectos, de que la vida sin ternura y sin amor no era más que un engranaje seco, chirriante y desgarrador.”

—   Notre-Dame de París, Víctor Hugo

Charles Bukowski: La danza de la vida

oazj:

La danza de la vida

El área que divide el cerebro y el alma
se ve afectada en muchos sentidos por la
experiencia.
Hay quienes pierden la mente por completo para ser alma:
locos.
Hay quienes pierden el alma por completo para ser mente:
intelectuales.
Hay quienes pierden ambos para ser:
aceptados.

(vía luzdeampolleta)

“El error está, tal vez, en el hecho de que yo exijo demasiado de mí. Debiera partir de mi carencia de voluntad y de mi odio al trabajo y al estudio. Me gusta soñar, y a veces leer, y a veces escribir. He aquí todo. (Me sube la angustia.) Ahora bien: yo me hice un arquetipo de mí misma, intento alcanzarlo y no puedo, lo que es señal de su inautenticidad. Necesitaría una temporada de descanso, es decir, no hacer nada por obligación ni por causas o intereses externos. Esto que digo es muy serio. De otra manera, tal vez enloquezca. Pero no me importa: no sé tomarme en serio.”

—   Alejandra Pizarnik

“Lo que sucede es esto: un estado infantil de frustración continua, un anhelar algo y sentirme culpable del anhelo, un deseo de amor pero también una oscura complacencia de no ser amada. Como si mi soledad amorosa fuera la justificación de una tesis que yo sostuviera, tesis respecto de la imposibilidad de la dicha, o de cualquier otra cosa. Masoquismo.”

—   Alejandra Pizarnik

“Trabaja y ama. Ahora no me necesita. Me buscará cuando esté angustiada y acorralada. Yo sirvo para testimoniar que la vida es cosa miserable. De allí que todos los expulsados, y todos los desolados, y todos los procesados me llamen. Hasta que salen de su estado angustioso, y se rebelan contra mí y contra todo lo que represento.”

—   Alejandra Pizarnik

“Ahora sé, ahora conozco la soledad de mi infancia. Como si hubiera nacido del aire, como si hubiera quedado huérfana el día de mi nacimiento. Por eso mis padres me son extraños. Y todavía exijen de mí. Ellos, que nada han sido para mí.”

—   Alejandra Pizarnik
hachedesilencio:

Roberto Genta

hachedesilencio:

Roberto Genta

(vía locoherni)