Nadie, ni siquiera la lluvia

¡Desplegada sobre el ancho horizonte como el arco iris!

“Sus ojos me decían que la abrazara, que la besara, que iniciara por fin los trámites básicos de nuestro deseo. Y cómo podía negarle lo que esos ojos tan tiernos y elocuentes me pedían. La abracé, la besé. Sus labios eran una caricia necesaria, cómo podía haber vivido hasta ahora sin ellos.”

—   "Puentes como liebres" - Mario Benedetti

(Fuente: viejaculturafrita, vía sonrisasdesgastadas)

“Yo sigo siendo lo mismo: un chico (un tipo) buscando un lugar en el mundo. Todos han encontrado su lugar y yo perdí el mío por salir a buscarlo.
Consejo uno: no es necesario recorrer el mundo para encontrar tu lugar.
Consejo dos: no hay que conocer el mundo para tener mundo.
Consejo tres: ¿de qué te sirve tener mundo si no tienes un lugar?”

—   Alberto Fuguet - Cortos (via pecadosmortales)

(Fuente: miss-catastrofes-naturales, vía vaniinh)

“Amo despacio a los amigos que son tristes con cinco dedos de cada lado.
Los amigos que enloquecen y están sentados, cerrando los ojos,
con los libros detrás ardiendo para toda la eternidad.
No los llamo, y ellos se vuelven profundamente
dentro del fuego.
-Tenemos un talento doloroso y oscuro.
Construimos un lugar de silencio.
De pasión.”

—   Herberto Helder (via pajareandoenlacalle)

“Hay libros que inspiran miedo. Miedo de verdad. Más que libros parecen bombas de relojería o animales falsamente disecados dispuestos a saltarte al cuello en cuanto te descuides.”

—   Roberto Bolaño

(Fuente: eindasein, vía vaniinh)

“Mi imagen me enfurece en el espejo,
Tan diferente de mí, que al alabarla
Es como si alabases a otra, o cual si
Te burlaras loando a mi contraria;
Pues grita el corazón que lo que gana
El engaño ha de guardar la crueldad;
Avisado estás: vete si has visto
Esa imagen en vez de a la mujer.”

—   William Butler Yeats

thatloveismean-hurts ha dicho: Me gusta mucho tu blog , es como un refugio donde expones tus miedos a través de la lectura .Ten un buen día.

Gracias, mi blog es mi museo personal. Encuentro fragmentos míos donde menos lo espero, acá sólo espero recomponer mi rompecabezas.

Anónimo ha dicho: sientes una tristeza que te arrebata la vivencia momentánea y hace un tormento eterno ?

Sí, una dulce tristeza, una tristeza dulce. Siempre, como esa lluvia que es muy muy leve pero bajo la que, si caminas, te calas hasta los huesos.

“No mires más el amargo espejo,
Con su sutil astucia, a los demonios
Alzarse ante nosotros cuando pasan,
O, si lo haces, míralo sólo un poco;
Pues allí crece una imagen fatal
Que la noche recibe tempestuosa,
Raíces medio ocultas por la nieve,
Y ramas rotas y hojas renegridas.
Porque todo se vuelve cosa estéril
Al verse en el espejo demoníaco,
El espejo de la fatiga externa,
Creada por dios cuando durmiera antaño
Allí, por el ramaje roto, van
Los cuervos del inquieto pensamiento;
Volando, gritando por doquier,
Con garras crueles y ávidas gargantas,
O tiesos mientras huelen en el aire
Y sacuden sus alas andrajosas.
¡Ay! Tus ojos, tan tiernos, hoy son crueles:
No mires más en el amargo espejo.”

—   William Butler Yeats

“Iba tirando a base de fantasía y de recuerdos, y es lo que único que puedes hacer, a veces, para salvarte, no hay nada más, un truco de pobres, pero que siempre funciona.”

—   Novecento - Alessandro Baricco

(Fuente: deberiasserungustodehelado)

“¡El mal tiene miedo del dolor, de la mutilación, del sufrimiento, de la muerte al fin y al cabo! ¡El mal herido aúlla de dolor como un perro! Se retuerce en el suelo y gruñe, mirando cómo la sangre surge de las venas y arterias, viendo un hueso que asoma de un muñón, viendo como las tripas se escapan de la barriga abierta, sintiendo cómo se acerca la fría muerte. Entonces y sólo entonces al mal se le ponen los pelos de punta y grita entonces el mal: “¡Piedad! ¡Lamento esos pecados! ¡Voy a ser bueno y honrado, lo juro! ¡Pero salvadme, sujetad esa sangre, no me dejéis sucumbir de forma tan terrible!”. Sí, ermitaño. ¡Así es como se combate el mal! ¡Si el mal quiere prepararte un perjuicio, causarte daño, adelántate a él, lo mejor allí donde el mal no se lo espera! Sin embargo, si no has podido adelantarte a él, si el mal te ha dañado, ¡Házselo pagar entonces! Alcánzalo, lo mejor cuando ya no se lo espera, cuando ha olvidado, cuando se siente seguro. Házselo pagar el doble. El triple. ¿Ojo por ojo? ¡No! ¡Los dos ojos por un ojo! ¿Diente por diente? ¡No, todos los dientes por un diente! ¡Hazle pagar al mal! Consigue que aúlle de dolor, que le estallen los globos oculares de tanto aullar. Y entonces, cuando lo mires en el suelo, puedes decir con seguridad y sin miedo que esto que yace aquí ya no va a dañar a nadie, que no supone un peligro para nadie. Porque, ¿Cómo a a ser un peligro si no tiene ojos? ¿Si le faltan las dos manos? ¿Cómo puede dañar a nadie si sus tripas se arrastran por la arena y la arena absorbe su sangre?”

—   La torre de la golondrina, Andrzej Sapkowski

“En cada país se pueden encontrar personas que son ciegos fanáticos de la idea de un orden social. Se entregan a esa idea, dispuestos a todo por ella. También al crímen, puesto que según ellos el fin justifica los medios y transforma el sentido de los términos. Ellos no matan, ellos salvaguardan el orden. Ellos no torturan, no chantajean, ellos protegen la razón de estado y luchan por el orden. La vida del individuo, si el individuo altera el orden dado, no vale para estas gentes ni un céntimo, ni un encogimiento de hombros. Ellos nunca llegan a ser conscientes de que la sociedad a la que sirven se compone precisamente de individuos. Estas personas disponen de lo que se denomina una vista hacia el futuro… y una vista así es la mejor forma de no ver a otras personas.”

—   La torre de la golondrina, Andrzej Sapkowski

“La abrazó. La tocó. La encontró. Yennefer de una forma increíble, blanda y dura a la vez, dio un fuerte suspiro. Las palabras que dijeron se quebraron, desaparecieron entre suspiros y aspiraciones apresuradas, dejaron de tener significado, se dispersaron. Así que callaron, se concentraron en la búsqueda del otro, en la búsqueda de la verdad. Buscaron larga, cariñosa y muy esmeradamente, temiendo el sacrilegio del apresuramiento, la liviandad y la negligencia. Buscaron con fuerza, intensiva y apasionadamente. Buscaron con cuidado, temiendo el sacrilegio de la falta de delicadeza. Se encontraron el uno al otro, vencieron al miedo y un instante después encontraron la verdad, que les explotó bajo los párpados, aguda, cegadora en su evidencia, rota en gemidos apretados en la determinación de los labios. Y entonces el tiempo tembló espasmódicamente y se detuvo, todo desapareció y el único sentido que siguió funcionando fue el tacto. Pasó una eternidad, regresó la realidad, el tiempo tembló por segunda vez y comenzó a moverse, poco a poco, torpe, como un carro grande y cargado. Geralt miró por la ventana. La luna seguía en el cielo aunque lo que había pasado hacía un momento debería haberla arrojado sobre la tierra.”

—   Tiempo de odio, Andrzej Sapkowski

“Sin emociones, pequeña, sin emociones, acuérdate de su gesto, allá en las cuadras. Y ya habías visto antes ese gesto, pequeña, ya lo habías visto, no te engañes. El gesto estúpido, compungido y azorado de un hombre que quiere olvidar, que lamenta, que no quiere recordar lo que pasó, no quiere regresar a lo que hubo. Por los dioses, pequeña, no te engañes pensado que esta vez es distinto. Y lo sabes. Pues tienes ya una cierta experiencia, pequeña.”

—   La sangre de los elfos, Andrzej Sapkowski